Mientras pensaba cuál seria el post mas conveniente para iniciar con una más frecuente periodicidad mis reflexionas en el blog, he aquí que la actualidad deportiva de la semana pasada me ha brindado en bandeja de plata un tema recurrente en ética; ¿en qué nivel situar la responsabilidad de nuestros actos?
Recuerdo que cuando cursaba la asignatura de Historia del pensamiento filosófico, se me ocurrió plantear en el fórum del aula la siguiente cuestión: “Cuando una persona diseña un arma de fuego (pongamos una pistola), otra persona la fabrica y una tercera la compra y la utiliza para matar a otra persona, desde el punto de vista filosófico, ¿quién de los tres es más culpable?" Ni que decir tiene que suscitó un enconado debate con múltiples y diversos puntos de vista a favor de unos u otros de los intervinientes en el proceso.
El problema que os propongo discutir, desde la ética, es la censurada (de forma mayoritaria y globalmente por la sociedad) acción de un jugador de fútbol a través de un acto, que se supone voluntario (tambíen de forma mayoritaria), aún a sabiendas de las consecuencias que el mismo podía tener para el receptor de tal hecho.
La primera diferencia que existe entre este acto y el que ponía como ejemplo al principio es, aunque no lo parezca muy importante, ya que hemos de suponer que los intervinientes en el caso de la pistola, lo hacían de forma libre y por su “cuenta y riesgo” (nadie te obliga a inventarla y diseñarla, nadie te obliga a fabricarla y nadie te obliga a utilizarla)
¿Podemos decir lo mismo de lo sucedido con el acto antideportivo concreto del jugador de fútbol? ¿Es un acto libre y premeditado o es la consecuencia de la presión ejercida (se ejerza ésta de forma directa o indirecta, voluntaria o no) por la cadena de mandos de la empresa que te paga, cuyas consecuencias acaban excediendo las perspectivas? ¿Justifica el fin los medios?
Este ejemplo podemos extrapolarlo a otros campos, verbigracia, ¿cuando un empleado o empleada de una entidad financiera coloca un producto de inversión de alto riesgo a un o una cliente/a cuyo perfil no responde al adecuada para este tipo de riesgo,¿ lo hace de forma personal y libre, presionado por sus superiores, por la necesidad de obtener unos incentivos, por conservar el puesto de trabajo, etc.)
Parece claro que hay más de un eslabón responsable en la cadena de decisiones o instrucciones que confluyen en un acto de consecuencias nada éticas. Y es en este terreno donde os invito a dar vuestra opinión. ¿Quien o quienes son los responsables y en qué grado de que se produzcan dichos actos faltos de ética? La ética aplicada debe surgir de abajo a arriba o de arriba a abajo? ¿En ambas direcciones? Y de ser así el flujo ha de ser de la misma intensidad? Y finalmente, ¿cómo podemos corregir e influir cómo individuos, desde nuestra ética individual, para evitar que este tipo de actos antideportivos se produzcan y evitar con ellos graves consecuencias para quienes los sufren?
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